20 de septiembre de 2012

Llorar por dentro es más doloroso que llorar por fuera.

Ayer escuchaba a una mujer decir: el pasado es un sueño y el futuro no existe.

Todo sería más fácil si así fuera. O tal vez si nosotros pensáramos así, la vida sería más fácil, más llevadera. Pero es un hecho que el pasado persigue y hiere, inunda el presente y afecta el futuro. 

A veces pienso y recuerdo a las personas que estuvieron en mi pasado, a las que están en mi presente. A veces imagino a las que estarán en mi futuro. Me gusta pensar en todos ellos.

Las personas van y vienen. Pero algunas nunca regresan. 

Mis vecinos nunca regresaron por que otras personas les pegaron de tiros. Mi compañera de la secundaria ya no volvió por que un borracho le aventó el auto encima. Mi otra compañera de la prepa ya no lo hizo porqué consideró el suicidio como el mejor método para escapar de este mundo. Y muchas personas más, amigos, conocidos, desconocidos que a veces veía, se fueron por que ellos mismos así lo quisieron o por culpa de otras personas.

¿Cómo vivir con la ausencia? ¿Cómo superar sus partidas?

Qué injusto es el mundo.


Lo único que puedo hacer ahora, en estos momentos, es recordarlos. Una vez me dijeron que cuando alguien muere para siempre es por que dejaron de recordarlo. Así que mientras viva, los recordaré a todos ellos. Podré inventar despedidas que nunca fueron, e incluso, inventar saludos, para que cuando llegue el momento, los salude de nuevo a todos ellos, cuando estemos en otro lugar, en otro mundo, en otra realidad que no sea esta. 

El mundo nos golpea. Lo hace constantemente. Mis lágrimas caen al piso, junto con tus lágrimas, y las lágrimas de él, de ella. Luego, esas lágrimas en el piso se fusionan y se elevan en forma de lluvia. Son lágrimas útiles.

Mientras tanto, ¿qué hago con todo lo que siento aquí dentro?



Es por eso que pienso que llorar por dentro es más doloroso que llorar por fuera.  

15 de septiembre de 2012

Criaturas

De alguna u otra forma siempre estoy buscando la forma de evadir la realidad. Me gusta inventar animalillos y creer que ciertas cosas de la vida pasan por su culpa.

Muchas veces estoy sentada concentrada en algo y creo ver pasar pequeños hombrecillos negros corriendo. Volteo rápidamente y no hay nada, claro. Será mi estrés, mis nervios, o mi adicción a ciertas sustancias los que me hacen creer que allá afuera hay criaturas negras corriendo a lo pendejo que intentan llamar mi atención solamente por joderme.

De todas maneras, prefiero pensar que los ruidos en el techo por las noches, las puertas que se azotan solas, los perros que le ladran a la nada, las sombras que crees ver pasar, las cosas que se caen, las que se te pierden, las que se azotan, las miradas que sientes e incluso las personas que crees que están ahí pero cuando parpadeas ya no están, son producto de estas criaturas extrañas a pesar de que la mayoría de estas cuestiones tienen explicaciones racionales. 


Bueno... al fin que cada quién se imagina lo que quiere.