30 de noviembre de 2011

Tus sueños de la infancia frustrados

Ignorando el hecho de que moriré de frío, de que estoy en las últimas semanas del semestre, que no he hecho ningún trabajo y de que sigo sin abrirles la puerta a los testigos de Jehová, me quise dar un poco de tiempo para escribir esta entrada.

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Ahora que está de moda el teletón la navidad, y todo el circo que viene con ella, recordé mis sueños de la infancia y la ilusión que sentía cada año cuando la familia se reunía a cenar y..

NO MAMES. NO.

Nunca faltaba la tía que te regalaba una playerita cuando en tu mentesilla infante lo único que querías era un juguete. Un ju-gue-te!

Pero en fin. Nunca me dieron juguetes en las cenas familiares navideñas por que como siempre he sido la oveja negra de la familia, pues, por eso, no me los merecía. Los odio a todos.




Bueno como iba diciendo, hace unos días fui con unos amigos a una juguetería. Y tuve una especie de regresión demoniaca en donde vi mis sueños de la infancia (ahora si) realmente frustrados.



Veía los comerciales, los veía una y otra vez por que en ese entonces me la pasaba pegada a la tele cual garrapata. Veía a las malditas niñas de los comerciales jugar con barbies tan falsamente como solo las niñas de los comerciales saben hacerlo. Veía a las mugres barbies en el súper. Todas acomodaditas en los estantes. Lo veía todo. Y realmente quería una barbie..... negra (sin ofender, por que luego hay cada persona que se ofende con cualquier cosa, pero bueno). PERO NO. 

Recuerdo que en las letritas que salen abajo en los comerciales decían que la barbie negra no estaba disponible en México. Y yo decía una y otra vez, POR QUEEEEE!!!

Lo único que quería en ese entonces era una fucking barbie negra. Pero no había. Así que se me ocurrió la maravillosa idea de pintar las barbies que tenía con... lápiz. Se veían de la verga hahaha. 

Justo en ese entonces, recuerdo que pasaban unos comerciales de lentes de contacto de colores, y yo iba con mi madre y le decía, ¡quiero tener los ojos morados! y ella me decía (siempre amenazándome con el puño) ¡ven y te dejo los ojos morados!. Ok, esto no vino al caso pero me acordé y me cagué de la risa.

Volviendo al tema de la nigga barbie, jamás tuve una chingada barbie negra. Entonces, decidí aguantarme y jugar con lo que tenía. 

Yo jugaba a las barbies como cualquier niño de este mundo. Literal. Si, niño. Las aventaba, les echaba encima los cojines de la sala argumentando que estaban en zona de derrumbe o "practicaban" cualquier deporte extremo. En cambio realmente me traumaba cuando tenía que jugar con mis primas o mis vecinas, ya que, como cualquier niñita maricona, jugaban a la mamá y al papá y ese tipo de pendejadas. Las odiaba. Ya lo dije?, no importa, otra vez, LAS ODIABA.

Claro, y como me negaba a jugar sus mariconadas, desde siempre me tacharon como la rarita de la familia. PERO EQUISSSSS.

En fin.

Yo quería una barbie negra.

Así como también deseaba con pasión y locura un bote de play doh de cada color existente en el mundo. Lo único que tuve fue un bote de play doh roja y otro azul.

También quería carritos de hot wheels. Pero CÓMO! CÓMO TE VOY A COMPRAR CARRITOS SI ERES NIÑA! 

AYY DOLOR!, SIEMPRE ME FRUSTRARON TODO!

O sea, ni que me fuera a convertir en trailera o que se yo. Simplemente me gustaban los chingados carritos de hot wheels y ya, así como me gustaban las figuritas de animalitos más que las barbies en si o cualquier tipo de muñeca.

Así que decidí mandar todo a la chingada y me puse a dibujar animalillos y cositas raras que siempre quise tener pero que jamás tuve. 

Y es por este tipo de cosas que la gente termina estudiando arte

Y me juntaba con puros niños y odiaba a las niñas, y... y... y me gustaban los doritos.... ay ya, a la verga!

Y a la verga también con mattel que no trajo barbies negras a mi país, puras pinches rubias desabridas.








Y a la verga los pinches kenses maricones. Está más papi el max steel.







Y ya me entró el estrés de fin de semestre.



Esta cosa te observa desde el techo mientras te masturbas en el baño.

8 de noviembre de 2011

Andanzas

La mayor parte de mi tiempo libre (la mayor parte de mi tiempo, que le hago...) me la paso pensando en qué pasa con las cosas una vez que las pierdes, te las roban, las olvidas o simplemente desaparecen.

Después de todo, ¿qué es el tiempo para un objeto?

Hace poco encontré un libro, bastante viejo, que le pertenecía (o pertenece aún, nunca se sabe) a un chico que estudiaba en la Escuela Nacional Preparatoria, en el grupo 1B.

¿Qué tuvo que pasar, para que, durante todo este tiempo, el libro estuviera de mano en mano hasta terminar en el librero de mi cuarto?

Definitivamente si las cosas hablaran, pasaría horas platicando con ellas.





¿Qué pasará con este libro al cabo de los años?, y bueno, no solo con este.

4 de noviembre de 2011

Días extraños

El calor me está matando... y ya empezó noviembre. Qué pasa aquí?