30 de junio de 2011

Sale y vale

¿Qué quieres saber?

Son las 10am de un día lluvioso, tienes que ir a tú última clase del semestre y no volverás a la universidad hasta el 22 de agosto. Genial, dos pinches días antes de tu cumpleaños. ¿Qué no pueden empezar las clases por ahí del 25? ¿por qué no hasta septiembre? digo, no les cuesta nada.

Pero no.

¿Qué estás escuchando?

Crystal Castles.

Y pensar que hace apenas un año me presentaron su música.

¿Qué carajo escuchabas antes?

Hace un año las cosas no eran muy distintas a hoy. Los días eran lluviosos, te habías hecho la misma propuesta que te haces en vacaciones -desaparecer- y al parecer no la estabas cumpliendo al pie de la letra. Te llenabas los pies de lodo cuando salías a caminar por ahí, pensabas que tal vez al otro día ibas a hacer algo productivo, o ¿porque no? escaparte de la vida un rato.

Pero la verdad es que no hiciste mucho hace un año. Acuérdate, te quedabas hasta las cinco de la mañana con los ojos abiertos y a las nueve tomabas el paraguas y salías a perderte por las calles y, te llenabas de lodo los pies. Bastante molesto.

¿Que qué escuchaba antes? creo que no puedo responder tú pregunta, lo olvidé.



Hace ya un año de eso.

Lo peor, es que los mismos sentimientos que tenía hace un año volvieron.

¿Cómo me deshago de eso?

No quiero volver a olvidar una franja de tiempo en mi vida, como hace un año.

O mejor sí.






Me pondré los audífonos, y ahora sí, no me importa llenarme de lodo los pies.

19 de junio de 2011

Seguro que sí

Fue lo que pensé hace unas 6 horas mas o menos, inconcientemente. Hasta hace apenas unos 40 minutos, esas palabras volvieron a mi cabeza y no se han ido, y creo que no se irán.

Hoy hubo un día particularmente hermoso. Es raro. Partiendo por el hecho de que los domingos no me transmiten motivación alguna. El cielo era azul brillante y casi no había nubes en él. El sol era tan intenso, tan radiante, tan alto, tan... insoportable.

Pero aún así, me tomé la libertad de salir y acostarme en el pasto. A pensar cualquier cosa. A recordar personas. A olvidarme por un momento de que estoy en este mundo.

Después de un rato, pensé en el cielo. En ese cielo azul que estaba sobre mí. Si un ovni hubiese pasado justo por encima mío en ese momento, seguro me hubiera visto tirada sobre el pasto, boca arriba, toda extendida, sin defensa alguna. Presa fácil para una abducción.

A mi mente llegaron varias personas. Y pense si todos ellos estarían viendo el cielo, como yo. "Seguro que sí", me autorespondí casi automáticamente después de haberme formulado la pregunta.

Lo mas probable es que no. De manera inmediata, matándome las esperanzas como suelo hacerlo casi todo el tiempo, pensé en que es una falta de respeto predisponer a las personas de la manera en que lo estaba haciendo. Suelo exagerar las cosas. ¿Qué mas da?, si solo es el cielo, no los estoy imaginando en situaciones incómodas. Pero no, ponte a pensar, no puedes decidir que es lo que quieres que hagan las personas en el momento que quieras, por mas insignificante que parezca. "De repente imaginé que te caías" me lo han dicho varias veces, pero eso es más violento y burlón que el hecho de pensar que ciertas personas están viendo el cielo justo en el momento que lo digo.

En fin.

Suelo tener debates eternos en mi cabeza.

Horas después quise conservar aquel momento de paz, pero fue imposible.

Lo único que hice fue hacer mis cosas y ponerme los audífonos, aislándome del mundo relativamente en calma con el que me conecté hacía apenas unas horas.

Instintivamente, volteé hacia la ventana y vi el mismo cielo, oscurecido por la hora del día, con más nubes de colores hermosos de textura como de óleo. Noté la amarillenta luz del poste de la calle, y divertidamente pensé en alguna historia de cuando vivía en la ciudad.

Ahora no pensé en nadie en particular. Simplemente me pregunté -de nuevo- si alguien, quién quiera que sea, vió, estaba viendo, o vería el cielo de este anochecer.

"Seguro que sí", pensé.

Por supuesto, era una afirmación sin fundamento.

17 de junio de 2011

Antes de dormir

Recordé:

"como han pasado los años... las vueltas, que dio la vidaaaa...."



BASTA YA.

13 de junio de 2011

1994

Últimamente, me ha dado por recordar cosas de cuando era niña. Y ahora recordé una historia que, si bien le pudo suceder a cualquiera, sigo pensando que estas cosas solamente me pasan a mí.

Veamos... en 1994 tenía 5 años.

No recuerdo mucho de ese entonces, pero de lo que sí me acuerdo, es que odiaba ir a la escuela, veía muchas caricaturas, disfrutaba golpear a mi primo 6 años mayor que yo (por que corría con su mamá a acusarme y jamás le creyeron que una niñita le diera de patadas hahaha) y que mi papá nos hacía pizzas a mi mamá y a mí, nomás por el puro antojo, wero.

Pero un terrible día, mi mamá traicionó la confianza, el sabor, el amor paterno, y los putos trozotes de jamón que le hechaba a la pizza capaces de ahogar hasta a un perro grande si no los masticabas bien y llamó a una pizzería.

Mi padre, quedó tan devastado que JAMÁS nos volvió a hacer pizza.

Por lo tanto, abandonó todos sus utencilios y materia prima.

Algunas cosas como el jamón, el queso o la masa fueron usados hasta que se acabaron, la charola fue ocupada para otras cosas y el cuchillito especial para cortar se perdió, o en su defecto, los duendes lo robaron.

Pero quedó algo de lo que hasta hace unos meses se separó de mi familia para siempre.

Unas latas de champiñones.

HERDEZ.

Que caducaban en algún mes de 1994 y que, de una manera MUY RARA, conservábamos a manera de trofeo familiar.

Nos cambiamos de casa 3 veces, y en esas 3 veces, las latas fueron empacadas como objetos normales en la mudanza.

O sea, QUE PEDO?

Bueno, yo se que llega un momento en la vida de todas las personas en las que comenzamos a juntar y coleccionar pendejadas, cocaína o tazos, pero unas latas de champiñones herdez del 94......?

Todavía de que tenían el estatus de "trofeo familiar", las latitas (4 en total) eran intocables, inmencionables, inamovibles, maravillosas, santificadas y glorificadas.

Pero hace poco le entró la locura a mi madre las ganas de erradicar cualquier cosa bizarra que encontrara en su cocina y ocurrió algo mas o menos así:

1.- se sacaron todas las cosas de un mueble de la cocina
2.- se identificaron 4 extraños objetos hasta el fondo
3.- cuidadosamente fueron extraidos de la comodidad del fondo del mueble y fueron expuestos a la luz del día
4. con horror, alegría orgásmica, epifanía y asco, nos dimos cuenta de que eran las hermosas latas de champiñones herdez caducadas en 1994
5.- fueron contempladas con nostalgia durante mas o menos 10 minutos
6.- mi madre, después de un grito de desaprobación, ordenó que fueran eliminadas para siempre

CASI LLORO.

A pesar de que siempre las consideré un extraño objeto que almacenábamos inútilmente en la cocina, me dió..... tristeza tirarlas.


A quién engaño, era cagadísimo tener 4 latas de champiñones caducadas años atrás.

5 de junio de 2011

Historias cortas de la infancia

1.- Jamás ví Blancanieves, Pocahontas, Aladdin y La Bella Durmiente. (y ni las veré)

2.- Tenía unas letritas como de foami que se pegaban a la pared con agua, pero para hacer enojar a mi mamá las pegaba por todas partes con baba.

3.- La amiga mas fugaz que he tenido duró como 5 horas. Era hija de una amiga de mi mamá y me la acababan de presentar. El caso es que nos dejaron solas en mi casa y jugamos a aventarnos talco y agua, al rato, llegaron nuestras madres. Mi mamá me puso como chancla y su amiga estaba MUY apenada. Después de eso jamás volvi a ver a esa niña.

4.- Mi mamá tenía una amiga que era venezolana y se llamaba Lala. Un día llamó y contesté, me pidió hablar con mi mamá, y tuve la maravillosa idea de gritarle a mi madre (con el telefóno casi al lado de mi boca) "MAMAAA TE HABLA LA LECHE LALAAAAAAA". Desde ahí mi mamá me prohibió contestar el teléfono.

5.- Disfrutaba perderme en el súper y llenar con mercancía carritos ajenos mientras sus dueños no se daban cuenta.

6.- Un día mi mamá fue al súper y yo entré en crisis de abandono prematuro por parte de la madre (?????), entonces tomé el teléfono (nótese que era de esos viejos donde marcabas número por número y tenías que esperar a que el disco ese regresara) y le llamé a mi papá a su trabajo, pero no estaba y me contestó una secretaria, estuve como 1 hora llorándole y diciéndole que me habían abandonado y que mi papá no quería hablar conmigo y que que iba a ser de mí. La secretaria trató de calmarme de mil maneras y finalmente logró que me callara, justo en eso entró mi madre a la casa y me dijo con quién hablas? y yo le dije con nadie!!. En la noche me regañaron por que llegó mi papá y le contó a mi mamá que le provoqué una crisis nerviosa a la secretaria.

7.- En una ocasión, corrí por toda la casa con un bote lleno de galletas de animalitos sobre mi cabeza mientras una amiga trataba de quitármelas. De nuevo, en la noche, mi mamá me puso como chancla.

8.- Tenía la manía de saltar sobre la cama de mis papás. Dejé de hacerlo desde un día que entró a regañarme mi mamá y salté sobre ella, cayendo con toda la boca sobre su nariz, provocándole una herida de la cual, aún se le ve la cicatriz.

9.- Tocaba timbres como depravada y salía corriendo. (aún lo hago hahaha)

10.- No me dejaban tener mascotas, pero de todas maneras llegaba a mi casa con animales que me regalaban. Un día llegué con una víbora bebé. Al otro día mi mamá se la regaló a un vecino.

11.-

yo: "mamá te voy a hacer un pastel"
mamá: "bueno pero ten cuidado"
*el primer huevo que rompo cae directamente al piso*
mamá: "¡lárgate de mi cocina!"

12.-

papá: "deja de comer en el piso que van a venir las cucarachas, eso quieres?"
yo: "SIIII, QUE VENGAAAAAAAAAAAAN"
*inolvidable es, sin duda, la mirada de desaprobación con la que me vió mi padre ese día*

13.- Una vez me mandaron un reporte por mala conducta. Como en ese entonces empecé a practicar el arte de "la falsificación de la firma de los padres" ya me creía mucho y firmé el reporte para que no me regañaran. -Nuevamente- me pusieron como chancla por que llamaron de la escuela citando a mi madre por "mi mala conducta" y por que ya me habían mandado varios reportes y no cambiaba mi comportamiento.

14.- A veces no quería comer. Y mi mamá extrañamente milagrosamente, en lugar de ponerme como chancla, me compraba un helado.

15.- Mi mamá me mandó a clases de catecismo en venganza por que le corté un vestido y quemé una cortina "accidentalmente" la misma noche.

Concluyendo. Es MUY difícil ser hija única. A cada rato te ponen como chancla!!!

3 de junio de 2011

Edgar

No me acuerdo de Alejandra, la verdad. De Edgar sí. Yo era una niña, mientras que él, tenía 15 y se llamaba igual que mi mejor amigo. Alejandra era su hermana.

Vivíamos en el mismo edificio, solamente que yo en planta baja y ellos en el tercer piso.

Edgar jugaba conmigo a los power rangers. Corríamos por todas partes y todos los vecinos nos regañaban. Íbamos hasta la azotea del edificio, donde tendían la ropa, y nos arrojábamos las pinzas, o cubetas, o lo primero que nos encotráramos.

Para mí no era nada extraño que un chavo de 15 años corriera detrás de mi y jugara conmigo. Pero al parecer para el resto del edificio era aberrante.

Tiempo despúes recuerdo ver a Edgar acompañado de su mamá, todas las mañanas se iban desde temprano y yo jamás supe a qué hora regresaban.

Justo después de eso me enviaron por paquetería a vivir con mis abuelos, por que nos íbamos a cambiar de casa. Viví con ellos más o menos 2 años, o a lo mejor fue menos tiempo, total, que importa, para mi fue una larguísima estadía.

Cuando terminé segundo de primaria volví a vivir con mis papás, en una casa nueva. Entré a una escuela nueva y tuve nuevas amistades. Me alejé completamente de todo lo que antes había vivido, y sí, jamás volví a saber de Edgar.

Apenas hoy en la mañana me acordé de él.

Le pregunté a mi mamá y me dijo que Edgar vivía con su madre y su hermana, y que sus papás tenían poco de divorciarse cuando nosotros llegamos a vivir a ese edificio. A ninguno le había caido bien lo del divorcio, y con el tiempo las cosas fueron empeorando para ellos.

Finalmente, lo inevitable ocurrió, y justo después de que me mandaran con los abuelos, Lola, la mamá, se sumió en una enorme y constante depresión, Alejandra se convirtió en prostituta y jamás regresó, mientras que Edgar, se perdió en las drogas y ya nadie supo si logró salir del viaje.

No supe que decir.

Solo recordé las coloridas pinzas de plástico que nos aventábamos hace 14 años.